Ahora con otra mentalidad, con otros sueños, con otros años, sigues en pie, alzándote día a día, porque al fin y al cabo, tal y como llegaste a pensar, si no lo haces tú ¿quién lo hará?
Vas paso a paso, constante, avanzando, aunque haya días en los que pese el alma y noches en las que no te quede vida. Tomas cada recuerdo, cada lágrima, cada llaga, como un único lema: “aprende y vive”. Y eso hiciste. O al menos eso intentas, porque aún te dedicas a crecer, te obligas a sobrevivir y te prometes amor eterno. Pero…
Incluso entonces, cuando creas que ya no hay miedo… volverá, creemé, no siempre será fácil; sin embargo ya viviste con ello antes y lo superaste. Por eso no desesperes, en el fondo sabes que "todo" volverá a tener sentido, "todo" volverá a tener nombre propio y entonces dejará de ser "todo" para ser “él”… ÉL que sin saberlo ya está entre estas líneas.